República del Perú (dictaduras militares)

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El 22 de agosto de 1930 el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, al mando de la guarnición de Arequipa, se pronunció contra Augusto Leguía. El movimiento revolucionario se propagó rápidamente por el sur del país. En las primeras horas de la madrugada del 25 de agosto la guarnición de Lima, obligó a renunciar a Leguía. El poder quedó en manos de una Junta Militar de Gobierno presidida por el general Manuel María Ponce Brousset. Dos días después este entregaría el poder a Sánchez Cerro, quien arribó a la capital en avión, y constituyó una Junta Militar de Gobierno bajo su presidencia. La situación del país era crítica; se produjeron disturbios obreros, universitarios y militares. Para remediar la crisis económica, Sánchez Cerro contrató una misión de expertos financistas estadounidenses, encabezado por el profesor Edwin W. Kemmerer, que sugirieron la aplicación de una serie de medidas, de las que solo se acogerían parcialmente unas cuantas.

Sánchez Cerro prometió convocar a elecciones, postulando él mismo como candidato a la presidencia, sin abandonar el poder, lo que provocó el rechazo de la ciudadanía. Una nueva rebelión que estalló en Arequipa lo obligó a dimitir el 1 de marzo de 1931. Interinamente, por unas horas, asumió el poder el jefe de la iglesia católica peruana, monseñor Mariano Holguín, como presidente de una junta de notables, que inmediatamente dio pase a una Junta Transitoria presidida por el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Leoncio Elías y luego por el teniente coronel Gustavo Jiménez. Sin embargo, estas Juntas no gozaron de apoyo y la presión popular impuso al viejo líder apurimeño David Samanez Ocampo como presidente de una Junta Nacional de Gobierno, con representación de todo el país (11 de marzo de 1931).

Samanez pacificó momentáneamente al país y convocó a elecciones para Presidente y los representantes de la Asamblea Constituyente. Con tal fin dio un nuevo Estatuto Electoral y creó el Jurado Nacional de Elecciones. Estas elecciones generales se realizaron el 11 de octubre de 1931 y fueron las primeras elecciones modernas de la historia peruana. Se aplicó el voto secreto y directo. Los principales candidatos fueron Sánchez Cerro, por la Unión Revolucionaria, y Víctor Raúl Haya de la Torre, por el Partido Aprista Peruano. Sánchez Cerro, prestigiado por ser el caudillo que puso fin al Oncenio, triunfó por un amplio margen. Los apristas no reconocieron el resultado y denunciaron fraude, quedando así el país dividido y al borde de la guerra civil.

Sánchez Cerro asumió como presidente constitucional el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo día se instaló también el Congreso Constituyente96 cuya misión primordial fue dar una nueva Constitución Política, la misma que fue promulgada el 9 de abril de 1933.

El gobierno sanchecerrista contaba con mayoría parlamentaria, pero los diputados apristas conformaron una combativa minoría opositora al gobierno. Esta oposición se tornó exacerbada. Menudearon los atentados, las revueltas y los actos terroristas. El Congreso aprobó leyes severas, entre ellas una llamada Ley de Emergencia, que dio al gobierno poderes especiales para reprimir a los opositores, en especial a los apristas, aunque también a los comunistas. Los diputados apristas fueron apresados y desterrados.

En 1932, conocido como el “año de la barbarie”, ocurrieron una serie de sucesos sangrientos provocados por los apristas: un atentado criminal contra la vida del mismo Sánchez Cerro, que se salvó fortuitamente; una rebelión de la marinería de la escuadra del Callao, que fue sofocada severamente, siendo fusilados ocho marineros; y la llamada revolución aprista de Trujillo (7 de julio), que fue reprimida sangrientamente por el gobierno. Trujillo, tras ser bombardeada por la aviación, fue tomada por el ejército, que en represalia por la masacre de los oficiales prisioneros en el cuartel O’Donovan, fusiló a un número no determinado de ciudadanos, que desde entonces fueron considerados como los “mártires del aprismo”.

En el aspecto internacional, Sánchez Cerro, presionado por la opinión pública, se vio obligado a respaldar a los patriotas peruanos de Leticia, que querían que su territorio, cedido a Colombia por el Tratado Salomón-Lozano, volviera al seno del Perú. Ello que provocó un enfrentamiento bélico con dicha nación, en la que perderían la vida de 200 a 250 militares. Precisamente, en medio de ese ambiente bélico, Sánchez Cerro fue víctima de otro atentado, que esta vez resultó mortal.

Ese mismo día el Congreso, trasgrediendo la Constitución, nombró presidente de la República al general Óscar Benavides, para que completara el período del difunto presidente, o sea hasta 1936.

El general Óscar R. Benavides y su gabinete ministerial. Lima, 1933.

Benavides asumió así, por segunda vez, la presidencia (la primera había sido en 1914 y 1915). Su primera tarea fue buscar el fin del conflicto con Colombia, país con el que se llegó a un acuerdo de paz en mayo de 1934, previo compromiso del Perú de respetar el Tratado Salomón-Lozano. En el aspecto interno, Benavides dio la Ley de Amnistía General, que favoreció a los apristas y a otros perseguidos políticos. Pero esta apertura duraría poco tiempo y poco después se reinició la persecución contra los apristas. Estos respondieron con atentados. El 15 de mayo de 1935 ocurrió el asesinato del director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y el de su esposa, a manos de un militante aprista. La represión recrudeció. Tanto el Partido Aprista como el Comunista fueron proscritos por ley, por ser partidos “internacionales”, de acuerdo a una controvertida interpretación de un artículo constitucional.

Como su período debía culminar en 1936, Benavides convocó a elecciones en las que el candidato favorito era Luis Antonio Eguiguren; pero estas elecciones fueron anuladas por el Jurado Nacional de Elecciones, con el argumento de que los votos de los apristas favorecían a Eguiguren, y por tanto, eran ilegales por provenir de un partido proscrito. Consultado el Congreso, este decidió que Benavides extendiera su mandato por tres años más, hasta 1939, y por añadidura le cedió la facultad de legislar. Acto seguido, el Congreso se disolvió.

El 19 de febrero de 1939, aprovechando que Benavides se hallaba ausente de Lima, ocurrió la intentona golpista del general Antonio Rodríguez Ramírez, quien llegó a ocupar Palacio de Gobierno, pero finalmente sucumbió ametrallado por la guardia de asalto. Viendo pues, que su popularidad empezaba a menguar, Benavides decidió convocar a elecciones. Pero antes convocó a un plebiscito, que se realizó el 18 de junio de 1939, y por el cual se aprobaron importantes reformas constitucionales para robustecer el Poder Ejecutivo en desmedro del Legislativo.

Las elecciones generales se realizaron el 22 de octubre de 1939. El candidato del gobierno, el banquero Manuel Prado Ugarteche (hijo del presidente Mariano Ignacio Prado), ganó con facilidad a su contrincante, el abogado José Quesada Larrea, aunque se habló de fraude electoral.


Características:

ESTADO O NACIÓN INDEPENDIENTE

Es la entidad que cuenta con su propio territorio, su propia población y de un gobierno autonómico y que cuenta con el reconocimiento como tal de otros estados o naciones. En general se trata de una entidad de hecho y/o derecho formada o restaurada de un país o nación inmediatamente después de la separación de otra del que formaba una parte, o la creación de una entidad nueva que anteriormente no existía.(vg: Reino de Hawái, Segundo Imperio Francés o Segunda República Española)

 
 
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