España - Baena (ocupación nacionalista)

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Baena es hoy día un municipio español situado en la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía. El municipio se encuentra en la comarca de la Campiña de Baena.

En Baena, en la trama golpista jugó un papel decisivo el teniente de la Guardia Civil Pascual Sánchez Ramírez, quien había servido en Marruecos y desde el Tercio de la Legión se había reintegrado en la Guardia Civil con el grado de teniente.

Aquí Baena el golpe de estado contra la República se había preparó muy concienzudamente. En principio, el teniente Pascual Sánchez protegió a los elementos de la Falange de Baena, implicados en la trama del golpe junto a los dirigentes falangistas de Córdoba capital.

A la vez, con el apoyo del abogado Manuel Cubillo, secretario de la Comunidad de Labradores, el teniente inició una campaña para que los propietarios contrataran a guardias rurales particulares, lo que les daba derecho a la preciada tenencia de armas; y la propia Comunidad de Labradores, también a petición del teniente, había comprado 4 mil cartuchos de rifle.

A todo este material, se sumaban las armas que se almacenaban en el cuartel de la Guardia Civil, las que poseían los derechistas que apoyaron la insurrección, la colección privada de pistolas y revólveres que atesoraba el propio teniente y las 10 cajas de cartuchos de mosquetón que dos guardias civiles habían sustraído y ocultado ilegalmente en el cuartel meses antes.

En conjunto, un auténtico arsenal con el que los golpistas se enfrentaron a partir del 18 de julio a una población desarmada y desprevenida. El triunfo de la rebelión golpista en Sevilla, de la mano del general Queipo de Llano, determinó la suerte de varias ciudades del sur de España. En Córdoba capital, el coronel Ciriaco Cascajo Ruiz, siguiendo las instrucciones transmitidas por Queipo, leyó el bando de guerra, en el cuartel de Artillería, a las cinco de la tarde del mismo 18 de julio. Las llamadas de los rebeldes encontraron un amplio eco, pues se sublevaron 47 de los 75 pueblos de la provincia de Córdoba.

La sublevación comenzó en Baena en la tarde noche del sábado 18 de julio, cuando se organizaron patrullas de guardias civiles y derechistas que se apoderaron del ayuntamiento, del edificio de la Telefónica y del Centro Obrero.

A las 11 de la mañana del día 19, el teniente Pascual Ramírez, obedeciendo una orden superior ilegal, pues no estaba entre las competencias de los jefes de División del Ejército declarar la ley marcial, se convirtió en comandante militar de la plaza e impuso el bando de guerra.

La sublevación de la Guardia Civil de Baena contó con el apoyo de un nutrido grupo de paisanos, y su gesta fue calificada de heroica por la propaganda franquista. Sin embargo, se ignoró la tenaz resistencia que encontró.

Sin armas y sin formación militar, los antifascistas se organizaron con rapidez, declararon la huelga general y se apoderaron de las pocas armas que pudieron localizar en los caseríos que rodeaban la ciudad.

El primer enfrentamiento con los golpistas se produjo en el cerro del Coscujo. Aquí los antifascistas sufrieron 11 muertos y hubieron de huir en desbandada, pero al día siguiente iniciaron la toma de Baena.

Para ello hubieron de enfrentarse a un auténtico ejército de 224 derechistas, atrincherados en unos 14 puestos de defensa y fuertemente armados, entre los que se encontraban tres militares retirados: el comandante Rafael de las Morenas Alcalá, y los capitanes Fernando Cubero Lucena y Adolfo de los Ríos Urbano.

A la luz de los hechos, la resistencia republicana al golpe de Estado en Baena fue de las más fuertes de los pueblos de la provincia, sólo comparable a la de algunas pocas localidades del cinturón anarquista de Córdoba o a la de otras en las que había una fuerte presencia comunista, como Villanueva de Córdoba o Puente Genil.

La sublevación de la Guardia Civil en Baena se producía, al igual que en el resto de España, con el pretexto de que había que evitar una supuesta revolución, sin embargo fue precisamente la sublevación militar la que desencadenaría el movimiento revolucionario.

Como los golpistas se habían apoderado del Ayuntamiento y habían desestructurado todo el organigrama republicano de orden público, la localidad vivió inmersa en un clima de descontrol durante unos días, sin ninguna autoridad legal que impusiera orden o que pudiera evitar los desmanes perpetrados por incontrolados.

A pesar de que no tenían casi armas, el día 20 de julio los antifascistas ya eran dueños de los barrios bajos y de varias calles del centro. Además, cortaron el fluido eléctrico, el abastecimiento de agua, la comunicación telefónica, interceptaron los mensajes de telégrafo, y se apoderaron de los molinos y panaderías con la intención de acabar con la resistencia de los golpistas.

El día 28, los golpistas atrincherados en el pueblo estaban próximos a sucumbir tras la pérdida del hospital de Jesús Nazareno, situado en la parte más alta y estratégica de la ciudad. Sus posiciones quedaban ahora en un plano inferior y se reducían exclusivamente a las que existían en la plaza: el casino, el cuartel y el edificio de la Telefónica.

Sin embargo, la entrada desde Córdoba de una columna al mando del coronel Eduardo Sáenz de Buruaga dio un vuelco a la situación en las primeras horas de la tarde y provocó la desbandada general de los antifascistas, con lo que los golpistas se adueñaron del pueblo con rapidez y causaron uno de los hechos más trágicos de la guerra civil en la provincia.

Los asesinatos cometidos aquel día por las fuerzas de Eduardo Sáez de Buruaga respondían perfectamente al plan sistemático de uso de la violencia que habían ideado los militares sublevados mucho antes del 18 de julio. Esta matanza ocasionada en unas pocas horas por aquellos que se autodenominaban “personas de orden”, contrasta sobremanera con los asesinatos perpetrados en Baena en los 8 días de dominio republicano, con sólo 8 víctimas.

La matanza del Paseo de Baena se enmarca en lo que los historiadores han denominado “terror caliente”, que consistió en la eliminación directa de miles de personas sin juicio previo. Este exterminio programado y masivo permitiría cumplir el mandato del general Emilio Mola, el director de la conspiración, y cito palabras textuales, de eliminar “sin escrúpulo ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

La matanza en la plaza de Baena no fue algo extraordinario, sino la puesta en práctica de los terroríficos llamamientos que en los días anteriores habían realizado los militares golpistas. El general Franco, en su bando de guerra del 18 de julio, había exigido “inexcusablemente que los castigos” fueran “ejemplares” y que se impusieran “sin titubeos ni vacilaciones”.

La llamada a la violencia había sido tan descarada y grosera que el día 23 de julio, en una de sus incendiarias charlas desde Radio Sevilla, el general Queipo de Llano, el más alto mando militar golpista en Andalucía, incitaba a la violación de las mujeres republicanas de la siguiente manera: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre”.

El general Queipo de Llano encontraría un fiel seguidor en el comandante del puesto de la Guardia Civil de Baena en 1937, el brigada Fidel Sánchez Valiente de la Rica, un estafador que abusaba sexualmente de las mujeres familiares de los asesinados y regalaba a las prostitutas los bienes que antes les habían requisado a los republicanos.

La represión ejercida por los golpistas en Baena se extendió durante toda la guerra, aunque tuvo dos fechas culminantes. La primera, el 28 de julio, con la entrada de las tropas de Sáenz de Buruaga. La segunda, el 6 de agosto, cuando el general republicano Miaja ordenó un ataque a Baena, en el que participaron muchos de los hombres que habían huido de la localidad y se habían reorganizado en los campos de alrededor.

De nuevo, los derechistas se vieron atrincherados en el ayuntamiento, el cuartel y la telefónica, pero la orden de retirada recibida por los republicanos el mismo día 6 por la mañana permitió que Baena quedara durante los tres años de guerra en lo que entonces se llamaba “zona nacional”.


Características:

OCUPACIÓN Y/O ADMINISTRACIÓN MILITAR

Es un territorio de control de carácter militar efectuado provisionalmente por parte de otra entidad que ejerce la misma por un status quo de acuerdo al derecho intermacional vigente. En general es el control provisional efectivo por parte de una entidad ocupante sobre otra entidad que no está bajo su soberanía formal, y sin la voluntad del soberano real y que en algunos casos además administra o supervisa el territorio ocupado mediante alguna forma de gobierno.(vg: de Perú por Chile, de Trieste por Yugoslavia o Administración Militar británica de Birmania)

 
 
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