Cuba (administración colonial del Reino de España)

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Mapa de Cuba (administración colonial del Reino de España)

En el Siglo XV Cuba estaba habitada por indios Guanajatabayes, Siboneyes y Taínos; estos eran pacíficos y tenían una organización que se conocía como comunidad primitiva. El 27 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubre la Isla de Cuba en su primer viaje de descubrimiento por la ruta del nuevo mundo. Sebastián de Ocampo realiza el primer bojeo en torno a la Isla en 1509 y llama Carenas al sitio que actualmente ocupa el puerto de La Habana.

En 1510 arriba la expedición conquistadora de Diego Velázquez. Los indios dirigidos por el Cacique quisqueyano Hatuey resisten a los españoles pero son derrotados y capturados para utilizarlos como mano de obra barata. Los colonos vieron las grandes posibilidades de riqueza del continente y la isla se fue despoblando paulatinamente.

En 1560 ya la Isla era un punto estratégico para la distribución comercial a las Antillas y América Central, la Corona dividió el gobierno de la Isla entre La Habana y Santiago de Cuba. Entre los años 1717 y 1727 se establece el monopolio real del tabaco, esto da motivo a varias sublevaciones de vegueros con saldo de muertes y ejecuciones.

En 1762 los ingleses toman La Habana, permanecen en ella durante varios meses hasta devolverla. España cambia a la isla por la Florida y retoma el poder sobre ella.

Con la despoblación ocasionada en la urbe india comienzan a introducir esclavos provenientes de África. En 1812 se produce una sublevación de esclavos, encabezada por José Antonio Aponte.

En 1821 son descubiertas varias conspiraciones y se persigue a sus promotores, entre ellos uno de los más representativos fue el poeta José María Heredia. Con la imposición del poder absoluto que Fernando VII imputó de nuevo en España y sus dominios, se agudiza en Cuba la oposición entre criollos y españoles. Lo que propiciaría que en 1850 la expedición organizada por Narciso López tomara la ciudad de Cárdenas; sin embargo fracasó y tuvo que retornar. Por primera vez es enarbolada la bandera de la estrella solitaria. Fracasó el alzamiento de José J. de Agüero y todos los jefes son fusilados, el 12 de octubre de 1851. Narciso López vuelve a desembarcar en Cuba, sostiene varios combates; cae en manos de los españoles y es ejecutado.

Carlos Manuel de Céspedes dio el Grito de Yara en el ingenio La Demajagua el 10 de octubre de 1868, con este hecho se inicia la Guerra Grande o de los Diez Años que asola al país y finaliza con el Pacto del Zanjón, sin que los cubanos logren la independencia ni la abolición total y con indemnización de los esclavos. Entre otras gloriosas acciones, resalta la Protesta de Baraguá el 15 de marzo de 1878, en la cual el general independentista Antonio Maceo proclama su desacuerdo con el Pacto del Zanjón y su decisión de seguir combatiendo.

El General Calixto García se lanzó de nuevo a la lucha, dándole inicio a la Guerra Chiquita que dura apenas un año. En los años sucesivos, José Martí es desterrado en Estados Unidos, allí funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y con Máximo Gómez y Antonio Maceo inicia los preparativos para relanzar la guerra de independencia. Martí se destaca como gran político, escritor y poeta y aglutina a las fuerzas nacionalistas cubanas más allá de generaciones, razas y posiciones sociales.

El 24 de febrero estalla la guerra con el Grito de Baire. José Martí muere en el combate de Dos Ríos, Provincia de Oriente (19 de mayo de 1895, una gran pérdida para la causa independentista cubana. Al año siguiente muere el General Antonio Maceo junto a su ayudante Francisco Gómez Toro, en la finca San Pedro, Provincia de La Habana, el 7 de diciembre. El capitán general, el español Valeriano Weyler dio inicio a la política de reconcentración, que venía a ser como una prefiguración de los campos de exterminio nazis, dirigida a aislar a los mambises del pueblo y que causó estragos en la población. Pero a pesar de la fortaleza y el armamento del ejército español, la táctica de los cubanos siempre se impuso y con la invasión de oriente a occidente se aceleraba el proceso que les daría la completa independencia. Pero en 1898 vuela en extrañas circunstancias el acorazado estadounidense Maine en la Bahía de La Habana, este hecho trajo como consecuencia la intervención estadounidense en la guerra, que pasa a ser la Guerra hispano-cubano-norteamericana que termina con el tratado de París, el 10 de diciembre por el cual España cede a Cuba y Puerto Rico a Estados Unidos. Comienza así una nueva etapa en la historia cubana.

El 27 de octubre de 1492 llegaron a costas cubanas por la zona de Bariay, tres naves españolas, La Pinta, La Niña y la Santa María, comandadas por Cristóbal Colón, quien desembarcó al siguiente día. Entre esa fecha y el 5 de noviembre, las naves se movieron por la costa oriental de Cuba, y el viernes 2 de noviembre, designó a dos de sus hombres para que, durante seis días, se internasen en el territorio cubano. Colón denominó a la Isla de Cuba como Isla Juana en deferencia al Príncipe Juan, heredero de la corona. 8 Colón pensaba que había llegado a las Indias orientales y no se imaginaba que detrás de esta pequeña isla, se encontraba un continente gigantesco, desconocido para el mundo europeo. Según las Cartas de Indias, una vez que Colón pisó suelo cubano, se arrodilló en la arena y con la cabeza inclinada hacia arriba exclamó: «Ésta es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto jamás».

En 1513, Diego Velázquez de Cuéllar fue enviado por los reyes de España como adelantado de la Corte para las nuevas posesiones del reino. Fue nombrado gobernador de Cuba, con la facultad de fundar villas y efectuar repartimientos de indios, entre otras.

Ya Velázquez había fundado la primera villa en territorio cubano, Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa en 1511. En 1513 fundó San Salvador de Bayamo, así preparó la fase siguiente de la conquista, la exploración del resto de la isla, paso previo a la creación de nuevas villas. En enero de 1514 se fundó La Trinidad, el 2 de febrero de 1514 se fundó la única villa de la costa norte (que sería trasladada al interior), Santa María del Puerto del Príncipe (actual Camagüey), entre abril y mayo de 1514 se fundaron San Cristóbal de La Habana y Sancti Spíritus y por último en agosto de 1515 quedó establecida Santiago de Cuba. Estas villas constituían la base legal, organizativa y política en cada región lo cual se lograba al establecer en cada acto de fundación, la institución del municipio, y también garantizaban la concentración y permanencia en el territorio de un núcleo conquistador mediante la vecindad. La encomienda fue la institución que trazó el rasgo caracterológico de la primera colonia. Esta institución colocaba a los aborígenes cubanos en manos de los españoles encomenderos, quienes debían cristianizarlos y enseñarles a trabajar.

El 10 de febrero de 1516, por petición de Velázquez, se creó el obispado de Cuba, cuya sede original estuvo en Baracoa y fue trasladada en 1523 a Santiago de Cuba. El sector económico más importante en estos primeros años de la colonia fue la extracción de oro y otras formas de minería con el empleo de aborígenes encomendados así como algunos esclavos negros que se integraron desde muy temprano al conglomerado étnico que siglos después constituiría el pueblo cubano. Una vez agotados los yacimientos de oro este sector recaería sobre el cobre de Santiago del Prado.

Ya en 1503, los Reyes Católicos fundaban la Casa de Contratación de Sevilla destinada a organizar y regular el comercio español con sus nuevos territorios, lo que despertó los celos de otras potencias europeas.

A consecuencia de las guerras entre Francia y España, hicieron su presencia en el Caribe los primeros corsarios franceses a los que se sumaron después piratas ingleses y holandeses. Sin embargo, fueron los galos los que atacaron la isla, como Roberto de Baal y Jacques de Sores.

Para repelerlos la Corona puso en marcha dos proyectos, ambos ventajosos para la nueva capital, La Habana. El primero fue el Sistema de Flotas o Puerto Único, mediante el cual todas las embarcaciones de las Indias Occidentales (Hispanoamérica) tenían que partir juntas rumbo a España desde el otrora Puerto de Carenas (la bahía de La Habana), lo que desarrolló un auge comercial sin precedentes en la ciudad, con el crecimiento de su población y la diversificación de su actividad por la creación de nuevos oficios. El segundo plan fue dirigido a fortificar la ciudad, el cual tuvo como precedente la construcción en 1538 de la segunda fortaleza de América, la llamada Castillo de la Real Fuerza. De años posteriores datan la fortificaciones del Morro y la Punta, destinadas a proteger la bahía.

Este desarrollo económico de La Habana contrastaba sobremanera con la reducida actividad comercial de las poblaciones alejadas, las cuales iniciaron un comercio de contrabando con los corsarios extranjeros.

En el siglo XVIII casi todas las tierras estaban repartidas en la isla, en particular las occidentales y las de las grandes sabanas, pero muchas mantenían improductivas y despobladas. La producción de tabaco se incrementó entre 1713 y 1720. Paralelo al proceso tabacalero se dio el azucarero. Las nuevas fábricas o trapiches se ubicaron en las proximidades de los centros urbanos. En 1740 se creó la Real Compañía de Comercio de La Habana, a ella se le otorgó el privilegio del control y conducción del tabaco, los azúcares y el coambre de Cuba a España, como parte del control metropolitano.

El desarrollo de las ciudades y villas fue marcadamente desigual. La Habana llegó a ser a mediados de siglo, la tercera urbe y el primer puerto del Nuevo Mundo con una activa y bulliciosa vida portuaria y comercial. En 1728 se fundó la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana y el colegio de San José, que junto a los conventos de Belén y San Francisco, imparten la enseñanza en la capital y el Seminario de San Basilio el Magno en Santiago de Cuba.

En esta etapa comienzan a observarse las primeras luchas sociales de Cuba como consecuencia de las medidas monopólicas tomadas por la Corona acentuados ahora por el Estanco del Tabaco que prohibía la venta del producto a particulares, colocaba el precio arbitrario y establecía las cantidades a comprar. Los movimientos se concentran en los vegueros y los cobreros, lo que dio lugar a protestas y sublevaciones, la tercera de las cuales fue reprimida mediante la ejecución de once vegueros en Santiago de las Vegas, próxima a la capital. Imposibilitados de vencer el monopolio, los más ricos habaneros decidieron participar de sus beneficios.

Al estallar la Guerra de los Siete Años, entre Francia e Inglaterra, España entraría a favor de la primera. Está contienda sirvió de escenario para que los ingleses dirigieran la mayor armada que había cruzado el Atlántico bajo la dirección de Sir Jorge Pockock con el objetivo de tomar La Habana. La ciudad fue defendida de forma combativa tanto por los criollos, dirigidos por José Antonio Gómez (capitán de milicia de la cercana villa de Guanabacoa, muerto a consecuencia de los combates) como por españoles dirigidos por el capitán español don Luis de Velasco. Sin embargo, el 12 de agosto de 1762 se firmó la capitulación de la ciudad, al día siguiente entraban triunfantes las tropas británicas. Esta ocupación duró once meses.

El 6 de julio de 1763 tomaba posesión del gobierno de Cuba, en nombre del rey de España, el teniente general Ambrosio de Funes y Villalpando, Conde de Ricla. A cambio de la estratégica posición, se le entregaba a Gran Bretaña la Península de La Florida.

Las prioridades del Conde de Ricla y sus sucesores ilustrados estaban dirigidas al fortalecimiento militar de la isla. Este objetivo debía cumplirse aplicando una nueva política que se basaba en la necesidad de crear una amplia base económica y ágiles mecanismos administrativos que le permitieran que el sistema defensivo fuese lo más autóctono y potente posible.

En el breve período de dos años, en La Habana se reconstruyen las fortalezas del Morro, La fuerza y La Punta; se edifican La Cabaña, Atarés y El Príncipe; los fortines de La Chorrera y Cojímar y se moderniza la muralla. Hacia 1774, el sistema se completó con la ampliación de los castillos de San Severino en Matanzas y El Morro en Santiago de Cuba.

Es de destacar el diferente proceso colonizador de los españoles frente al resto de los imperios de la época. Mientras los españoles trataron de integrar a la población local y convertirla al cristianismo, los ingleses y franceses los exterminaban y repoblaban sus colonias con esclavos traídos de África. Un dato que muestra esta política es el bajo número de esclavos que el Imperio Español tenía en la isla: 50 000 frente a los 60 000 en Barbados o 300 000 en Virginia, del Imperio Británico; o los 450,000 que los franceses tenían en Haití.

En cuanto a la economía se reorganizó la administración con la creación de la Real Intendencia General de Ejército y Hacienda; la supresión de los privilegios de la Real Compañía de La Habana y la permisibilidad del libre comercio con extranjeros; la promulgación por la Corona de la nueva ley arancelaria; la liquidación del monopolio de Cádiz con la apertura al comercio de la isla de otros puertos españoles, la ejecución de planes de desarrollo urbano y el reajuste de todo el sistema de impuestos con el objetivo de que, a corto plazo, cubriese los gastos administrativos de la isla.

Bajo Ricla y sus sucesor el Marqués de la Torre, La Habana incrementó la pavimentación e inició el alumbrado de las calles, dispuso medidas sanitarias, e inició la construcción del primer paseo habanero, la Alameda de Paula; del primer teatro, El Principal; y del Palacio de los Capitanes Generales. Se llevó a cabo el primer censo poblacional de 1774 y se inició el trazado urbanístico de la ciudad, mediante el cual se prohibió las casas de guano e imponiendo una nueva arquitectura de grandes y ostentosos palacios.

Los hacendados criollos se enriquecieron y su flamante poder se materializó en instituciones que, como la Sociedad Económica de Amigos del País y el Real Consulado, canalizaron su influencia en el gobierno colonial.

En este contexto hace su entrada en la escena histórica cubana un cerrado y brillante grupo de hombres de pensamiento, la Generación del 92 o la Ilustración Reformista Cubana. Francisco de Arango y Parreño es el más brillante expositor del proyecto socioeconómico y el de mayor agudeza política. Las principales proposiciones de este grupo liderado por Parreño eran: libre comercio de esclavos; aumento de la esclavitud para resolver las necesidades de fuerza de trabajo y eliminación de todos los obstáculos que impiden su explotación intensiva; mejoramiento y perfeccionamiento en la utilización de tierras y la aplicación de la más moderna técnica; desarrollo tecnológico de la manufactura azucarera, desarrollo científico del país, libertad de comercio y disminución de la usura en los préstamos necesarios para incrementar la agricultura y la manufactura.

Hacia 1802, comienza a observarse otra corriente en la Ilustración Reformista Cubana. El movimiento se aglutina alrededor del obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada Fernández y Landa y tiene dos centros de proyección colocados bajo la dirección de aquel: el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y la Real Sociedad Económica de Amigos del País. La actividad de este nuevo grupo se dirige más a la esfera social y a la del pensamiento que a la económica.

Desde el punto de vista político su proyección no es homogénea aunque todos sus integrantes muestran adhesión a las ideas políticas modernas, una tendencia descentralizadora y autonómica y la ponderación de lo cubano en formación en cuyo proceso quieren incidir. Espada es antirracista, antiesclavista, antilatifundista, crítico de la oligarquía y asume un proyecto de desarrollo sobre la base de la pequeña propiedad agraria. En esta corriente se formaron Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco, Felipe Poey y Domingo del Monte.

Otra corriente política cifraba sus esperanzas de solución de los problemas cubanos en la anexión a Estados Unidos. Un sector de los hacendados esclavistas veía en la incorporación de Cuba a los Estados Unidos una garantía para la supervivencia de la esclavitud, dado el apoyo que encontrarían en los estados sureños. Estos, agrupados en el "Club de La Habana" favorecieron las gestiones de compra de la isla por parte del gobierno de Washington, así como las posibilidades de una invasión "liberadora" encabezada por algún general estadounidense en contra de España.

En esta última dirección encaminó sus esfuerzos Narciso López, general de origen venezolano que, tras haber servido largos años en el ejército español, se involucró en los trajines conspirativos anexionistas. López condujo a Cuba dos fracasadas expediciones, y en la última fue capturado y ejecutado por las autoridades coloniales en 1851.

Otra corriente separatista más radical aspiraba a conquistar la independencia de Cuba. De temprana aparición —en 1810 se descubre la primera conspiración independentista liderada por Román de la Luz—, este separatismo alcanza un momento de auge en los primeros años de la década de 1820. Bajo el influjo coincidente de la gesta emancipadora en el continente y el trienio constitucional en España, proliferaron en la isla logias masónicas y sociedades secretas. Dos importantes conspiraciones fueron abortadas en esta etapa, la de los Soles y Rayos de Bolívar (1823), en la que participaba el poeta José María Heredia -cumbre del romanticismo literario cubano- y más adelante la de la Gran Legión del Águila Negra alentada desde México.

El Padre Félix Varela Morales, definido por Luz y Caballero como “el que nos enseñó primero en pensar”, fue el iniciador de la ideología de la independencia cubana. Educador, político sagaz, filósofo, sostuvo que Cuba debía ser independiente tanto de España como de los Estados Unidos y que esa independencia solo sería real si se lograba con los propios medios y por los propios naturales. Fue condenado a muerte por la Corona española, vivió en el exilio hasta su muerte en 1853. Su esfuerzo, sin embargo, tardaría largos años en fructificar pues las circunstancias, tanto internas como externas, no resultaban favorables al independentismo cubano.

El fracaso de la Junta de Información convocada en 1867 por el gobierno metropolitano para revisar su política colonial en Cuba, supuso un golpe demoledor para las esperanzas reformistas frustradas en reiteradas ocasiones. Tales circunstancias favorecieron el independentismo latente entre los sectores más avanzados de la sociedad cubana, propiciando la articulación de un vasto movimiento conspirativo en las regiones centro orientales del país.


Características:

COLONIA

Es un territorio en general alejado de las fronteras de un estado extranjero, dominado y explotado por éste administrativa, militar y económicamente. Suele ser un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera que permanece incapaz de oponerse al invasor, en lo social, económico, político, y sobre todo, militarmente.(vg: Ifni, África Occidental Francesa o Nyasalandia)

 

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