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Tercera República Francesa

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Mapa de Tercera República Francesa

La Tercera República Francesa, en idioma francés: Troisième Republique, (1870/1875 - 10 de julio de 1940) es un período de la Historia de Francia que cubre desde el fin del Segundo Imperio Francés hasta el establecimiento de la Cuarta República al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras el intervalo del Régimen de Vichy.

La "Tercera República" fue una democracia parlamentaria. Sobrevivió a la Primera Guerra Mundial pero no pudo contener la invasión por parte del Tercer Reich en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial.

El político Léon Gambetta, líder de la oposición republicana en la Asamblea Nacional, proclamó la República en París el día 4 de septiembre en medio de la furia popular contra Napoleón III al conocerse la grave derrota de Sedán. El mismo día, se estableció en París un Gobierno de Defensa Nacional encabezado por el general Louis Jules Trochu, gobernador militar de París, y compuesto entre otros de Gambetta, Jules Favre, Jules Ferry, Henri Rochefort, Jules Simon, Emmanuel Arago y Adolphe Crémieux.

Los esfuerzos del nuevo régimen no impidieron que las fuerzas prusianas al mando del general Helmuth von Moltke pusieran sitio a París desde el 19 de setiembre de 1870. Los esfuerzos del Gobierno de Defensa Nacional resultaron vanos y no fue posible reconstruir un ejército francés capaz de levantar el asedio prusiano a París, la cual capituló el 28 de enero de 1871 tras varios meses de privaciones y hambruna. El general Moltke recibió órdenes de Otto von Bismarck de dejar una guarnición prusiana en París, pero retirar la mayor parte de sus tropas a posiciones de fácil defensa cercanas a la ciudad. En paralelo quedó acuartelada en París la llamada Guardia Nacional que había sido encargada de asegurar la defensa de la capital durante el asedio prusiano.

El Gobierno de Defensa Nacional pactó un armisticio con los prusianos el 28 de enero de 1871 para así celebrar elecciones legislativas para la Asamblea Nacional el 8 de febrero. Como resultado de estas elecciones, Adolphe Thiers ocupó la presidencia de Francia desde el 18 de febrero de 1871, pero Thiers no fue proclamado "Presidente" de manera oficial sino "Jefe del Poder Ejecutivo de la República" en consideración a que el régimen republicano aún no estaba regulado por una Constitución. De los 768 escaños de la Asamblea Nacional, solo 675 pudieron ser ocupados por causa de la guerra; asimismo, los monárquicos resultaron ser mayoría absoluta al ganar 396 escaños.

La Guardia Nacional, formada en su mayoría por individuos de las clases populares y miembros de la pequeña burguesía, mantuvo un gran resentimiento contra el Gobierno de Defensa Nacional que no pudo impedir la rendición de la ciudad de París. De hecho, la Guardia Nacional, anarquica, rehusó entregar a las tropas gubernamentales sus cañones y armas pesadas, y eventualmente el 18 de marzo de 1871 se sublevó y tomó el control de París, instaurando un gobierno municipal popular conocido como la Comuna de París, en oposición a la política del Gobierno de Defensa Nacional instalado en Versalles y presidido por Adolphe Thiers. La Comuna de París sería combatida por las fuerzas gubernamentales y acabaría violentamente aplastada en una campaña militar (incluyendo un severo y destructivo combate urbano dentro de París) que terminó el 28 de mayo de 1871.

Tras el Tratado de Fráncfort celebrado el 10 de mayo de 1871, el gobierno francés pactó la paz con el Imperio Alemán, acordando la retirada parcial de las tropas prusianas del suelo francés. Francia cedió la provincia francesa de Alsacia, parte de los Vosgos y parte de la provincia de Lorena a Prusia, que fueron anexadas como "territorio imperial". Aceptó pagar reparaciones de guerra por un importe de cinco mil millones de francos de oro, mientras Prusia ocupaba con sus tropas varios departamentos del norte de Francia hasta el pago total de la deuda.

La Tercera República Francesa, al igual que el resto de potencias europeas, entró en la carrera del colonialismo y el imperialismo con renovado ímpetu. Si bien Francia había poseído colonias desde el siglo XVIII, muchas de éstas se habían perdido (como Canadá o Haití) o habían perdido importancia (los minúsculos enclaves en la India) y sólo algunas se mantenían económicamente activas (como Martinica o Guadalupe), pero la experiencia colonial anterior sirvió como valioso "punto de partida" para las nuevas aventuras imperialistas que Francia retomaba después de muchas décadas. La colonia francesa de Argelia, tomada en 1830 fue modernizada en gran medida para convertirse en exportadora neta de productos agrícolas a la metrópoli, modelo que después sería copiado exitosamente en todo el imperio colonial francés.

El imperialismo francés también dirigió su esfuerzos al Reparto de África y en la Conferencia de Berlín de 1884 Francia hizo reconocer sus posesiones en el norte y el oeste del continente africano, así como sobre la isla de Madagascar. El poderío financiero y militar francés logró que Marruecos y Túnez se convirtieran en protectorados, mientras que expediciones bélicas y científicas impusieron el dominio francés sobre vastas zonas del África Occidental y la cuenca de los ríos Níger y Chad, que formarían el África Occidental Francesa.

La expansión colonial francesa también llegó a las costas del Golfo de Guinea y parte de la cuenca del Congo, estableciendo allí las colonias de Costa de Marfil, Guinea, Dahomey. Otros territorios incorporados por Francia fueron Indochina en el sureste asiático, diversos archipiélagos de la Polinesia en Oceanía, y el enclave africano de Yibuti sobre el Golfo de Adén.

La meta principal de la expansión colonial francesa era económica y consistía en asegurarse fuentes de materia prima, mercados para los productos franceses, e integrar las colonias al sistema económico francés, por lo cual las autoridades de la metrópoli dieron gran importancia a la construcción de ferrocarriles, puertos y carreteras en los territorios coloniales, así como a la tecnificación de la explotación agrícola y minera en ellos. El auge del comercio internacional causó que Francia también impusiera derechos de extraterritorialidad y "zonas de influencia" en el territorio de Estados independientes pero económicamente débiles como el Imperio Otomano y China.

No obstante, la opinión pública interna en Francia no mostraba mayor entusiasmo por la expansión colonial, siendo que el mayor impulso dado a ella provenía de importantes capitalistas junto con altos funcionarios estatales como el primer ministro Jules Ferry, un promotor del colonialismo. La propaganda colonialista en Francia no logró el éxito popular que tuvo en otros países europeos, salvo cuando en 1898 estalló el Incidente de Fachoda contra Gran Bretaña, ocasión cuando el nacionalismo francés sirvió de justificante para un imperialismo agresivo; una vez resuelto el incidente con el gobierno británico, el entusiasmo colonialista volvió a decrecer.

La expansión imperial francesa estuvo dirigida a la explotación económica de tierras remotas y no tuvo como finalidad el asentamiento masivo de colonos en ultramar, salvo el caso de los franceses de Argelia. Otros territorios como Nueva Caledonia o la Guayana Francesa se destinaban a ser "colonizados" como simples establecimientos penales remotos para los presidiarios de la metrópoli. Como resultado de esta política, los franceses asentados en el imperio colonial nunca llegaron a ser muy numerosos, y en su mayoría fueron soldados de guarniciones, funcionarios administrativos, empresarios particulares, o misioneros tanto católicos como protestantes, siendo éstos últimos de gran importancia para difundir la cultura occidental y el idioma francés entre las élites nativas de cada pueblo colonizado y mantener la alianza de dichas élites con la administración francesa.

Ya en el siglo XX, la tensión en la política internacional de Europa perjudica los planes de Blum para impulsar políticas reformistas de izquierda en Francia. Durante la Guerra Civil Española (iniciada dos meses después que el "Front Populaire" sube al gobierno) el régimen socialista francés evita intervenir al lado del bando republicano, a sabiendas de que si interviniera su gobierno sería derrocado por una coalición entre los radicales y los partidos de derecha, lo que de hecho ocurrió después con el gobierno de Edouard Daladier en abril de 1938. Por otra parte, desde el término de la Primera Guerra Mundial la opinión pública francesa mantenía una actitud pacifista y se oponía a toda acción beligerante en Europa, salvo si estuviera dirigida directamente contra una amenaza de Alemania, mientras que la propaganda fascista y el renacimiento económico alemán causaban que los antiguos aliados de Europa Oriental enfriaran sus vínculos diplomáticos con Francia.

Tampoco Blum tenía garantías de que Gran Bretaña secundara esfuerzos bélicos franceses a favor de la República Española, mientras que el apoyo de la Italia fascista y la Alemania nazi a los sublevados en España desalientan a Blum de impulsar una política solidaria con el bando republicano español, considerando además que la aún potente derecha francesa rechaza semejante política y que el fascismo francés tampoco oculta su simpatía por el bando nacional.

Blum consiguió no obstante que su gobierno permitiera la venta de armas de manera encubierta en favor de los republicanos españoles, facilitando además el tránsito de armas para la República Española por suelo francés. Como resultado, se dañan seriamente las relaciones políticas francesas con Italia mediante pugnas a nivel de la prensa y la diplomacia. En esas fechas, la clase política de Francia resuelve no enfrentarse a Alemania ni a Italia sin contar previamente con la adhesión política y diplomática de Gran Bretaña, pero tal apoyo no se concreta en tanto el gobierno británico de Neville Chamberlain postula mantener la política de apaciguamiento hacia nazis y fascistas, posición que Francia acaba compartiendo con Gran Bretaña en los foros internacionales como la Sociedad de Naciones, al extremo de no tomar acción alguna en marzo de 1938 cuando la Alemania nazi invade Austria y la anexa, pese a que dicho Anschluss constituía una grave violación del Tratado de Versalles.

Como reacción ante la tensión internacional causada por el rearme del Tercer Reich, el gobierno de Léon Blum aumenta los gastos en armamento y patrocina un ligero rearme francés desde fines de 1936. Pero la paulatina erosión del apoyo popular debido a la crisis económica que persistía desde 1931 causa que el Front Populaire abandone definitivamente el gobierno en abril de 1938, siendo reemplazado por el "radical-centrista" Édouard Daladier que deja sin efecto el breve rearme de las fuerzas armadas francesas y retoma la política de apaciguamiento en la cual Francia evita implicarse en pugnas internacionales sin contar con la ayuda efectiva de Gran Bretaña para ello; de este modo, el régimen de Daladier evita conflictos con el Tercer Reich y la Italia Fascista salvo que el gobierno británico diera el primer paso hacia ello. En caso de silencio británico ante las potencias nazi-fascistas, Francia seguiría el ejemplo de Gran Bretaña.

La amenaza militar del Tercer Reich no pudo ser anulada mediante la política de apaciguamiento establecida por el gobierno de Edouard Daladier desde 1938 y seguida por el primer ministro británico Neville Chamberlain. Cuando Hitler lanzó sus amenazas contra Checoslovaquia utilizando la Crisis de los Sudetes como pretexto a mediados de 1938, Francia eludió hacer efectiva su alianza político-militar con los checoslovacos hasta que no lo hiciera Gran Bretaña. El régimen de Daladier aceptó después participar en la Conferencia de Múnich de setiembre de 1938 que concluyó en un rotundo triunfo diplomático para la Alemania nazi al lograr que franceses y británicos se negaran a defender militarmente a Checoslovaquia contra un ataque alemán, bajo pretexto de evitar así una guerra europea a gran escala.

Si bien Francia había empezado un pequeño programa de rearme en 1936 y lo reforzó en 1938, el estado mayor del ejército francés no estaba preparado en su mayoría para enfrentar para las tácticas de la Blitzkrieg alemana, subestimando los jefes militares franceses el impacto de la aviación y los tanques en la guerra moderna, y sobrevalorando las defensas estáticas como la Línea Maginot así como el poder de la artillería ligera contra los tanques. No obstante, después que Alemania invadiera Checoslovaquia el 15 de marzo de 1939, los gobiernos de Francia y Gran Bretaña acordaron detener por la fuerza todo nuevo intento de expansión germana, dando garantías de ayuda militar a Polonia ante un posible ataque alemán.

Tras la invasión alemana de Polonia, en setiembre de 1939, Francia y Gran Bretaña entraron formalmente en guerra con Alemania, pero el gobierno francés se abstuvo de lanzar operaciones bélicas contra territorio alemán, salvo la fugaz Ofensiva del Sarre que el general francés Maurice Gamelin ordenó cancelar prontamente en los primeros días de setiembre de 1939, manteniendo después la Guerra de broma durante varios meses, sin movimientos de tropas a lo largo de la frontera franco-alemana.

La calma en el frente acabó cuando el Tercer Reich lanzó su invasión contra Dinamarca y Noruega en abril de 1940, forzando con ello el envío urgente de tropas francesas en apoyo de Noruega, aunque todavía sin movimientos bélicos en la frontera franco-alemana. La lucha involucró directamente el territorio de Francia desde el 10 de mayo de 1940, con la invasión alemana simultánea de Bélgica, Holanda, y Luxemburgo, pasando luego las tropas germanas a atacar territorio francés.

Si bien las tropas francesas se dispusieron a afrontar la lucha con apoyo militar británico, las notables y tempranas victorias alemanas causaron una grave desmoralización entre la opinión pública francesa. Además que el esfuerzo militar francés no estaba preparado para la blitzkrieg alemana, chocaba con la abierta hostilidad de fascistas locales y grupos de ultraderecha favorables a Alemania, y las negativas del Partido Comunista a apoyar la lucha para así acatar el Pacto Ribbentrop-Mólotov de no agresión firmado por la Unión Soviética y el Tercer Reich el 28 de agosto de 1939.

El avance de la Wehrmacht rompió el frente franco-británico y desorganizó las defensas francesas rebasándolas desde territorio belga, tornando inútil la Línea Maginot. La coordinación acertada de la Luftwaffe alemana con su infantería en tierra y con las divisiones de tanques de la Wehrmacht superaron prontamente a las fuerzas francesas. A mediados de mayo, la pérdida total de Holanda (que capitula el 15 de mayo) más la sucesión ininterrumpida de triunfos germanos complicaron la situación francesa, agravada con el la rendición de las fuerzas armadas de Bélgica ante los alemanes el 28 de mayo. Todo esto causó que la desmoralización francesa se extendiera de las masas populares al gobierno mismo, mientras que la opinión pública mostraba escepticismo y enojo ante la clase política, que durante los anteriores años de lucha por el poder no había podido prever una reacción ante la invasión alemana.

Un violento contraataque franco-británico en Arrás consiguió temporalmente detener a las tropas alemanas el 21 de mayo, pero pronto las unidades germanas retomaron fuerzas y reiniciaron su avance sostenido, forzando a los británicos a evacuar sus tropas en Dunquerque entre el 26 de mayo y el 3 de junio para evitar un cerco masivo. Para esas fechas las fuerzas armadas francesas habían perdido casi todas sus unidades de tanques y carros de combate, así como la mayor cantidad de tropas operativas, careciendo de reservas suficientes para detener el avance alemán.

EL OKW alemán ordenó seguir el avance sobre el río Somme el 5 de junio, sin que los franceses pudieran evitarlo y ante ello el 10 de junio el Gobierno francés ordenó evacuar París y declararla «ciudad abierta» en un ambiente de crudo derrotismo entre los políticos y las masas populares. Cuatro días después, las tropas alemanas entraban en París sin encontrar resistencia tras apenas 34 días de lucha, lo cual terminó de hundir el ánimo de la opinión pública y generó que el gabinete y la Asamblea Nacional, refugiados en la ciudad de Burdeos, aceptaran llegar a un armisticio con Alemania.

El 16 de junio el primer ministro Paul Reynaud renunció ante el presidente Albert Lebrun al evidenciarse que sus ministros presionaban por obtener un armisticio inmediato con el Tercer Reich. Reynaud fue sucedido por el ya anciano mariscal Philippe Pétain, quien en un ambiente de derrotismo y desmoralización requirió el inmediato cese de fuego con los alemanes como paso previo para asumir la jefatura del gobierno.

Para hacer realidad el cese de la lucha, Pétain envía al general Charles Huntziger como jefe de la delegación francesa que firma con los alemanes el Armisticio del 22 de junio de 1940. Después de ello la Asamblea Nacional refugiadas en Burdeos fue presionada por el político derechista Pierre Laval para entregarle poderes dictatoriales al mariscal Pétain, amenazando con que los nazis endurecerían las condiciones del armisticio en caso de rechazar esta exigencia. A estas presiones se unieron diversos políticos franceses decepcionados del parlamentarismo republicano o bien simpatizantes abiertos del nazismo.

Pese a las amenazas de Laval, en la sesión del 10 de julio de 1940, 80 parlamentarios rechazaron el otorgamiento de plenos poderes a Pétain, mientras que 569 votaron a favor. Con este último acto el mariscal Pétain asumió poderes dictatoriales uniendo en su persona las facultades del Presidente y del primer ministro. En señal de rechazo al parlamentarismo, Laval logró que Pétain no fuese designado "Presidente de la República" sino "Jefe del Estado Francés" y con ello la Tercera República quedaba extinta, siendo reemplazada en la práctica por el denominado «régimen de Vichy».


Características:

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ESTADO O NACIÓN INDEPENDIENTE

Es la entidad que cuenta con su propio territorio, su propia población y de un gobierno autonómico y que cuenta con el reconocimiento como tal de otros estados o naciones. En general se trata de una entidad de hecho y/o derecho formada o restaurada de un país o nación inmediatamente después de la separación de otra del que formaba una parte, o la creación de una entidad nueva que anteriormente no existía.(vg: Reino de Hawái, Segundo Imperio Francés o Segunda República Española)

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